Exploraciones ~~~ desde la raíz ~~~

Desde hace nueve años, he estado observando y documentando los cambios que ocurren en el bosque esclerófilo donde vivo. A este proceso lo llamo «exploraciones». La documentación que he recolectado es solo una pequeña muestra en comparación con la experiencia de habitar en este espacio día a día. Sin embargo, creo que el testimonio que he logrado reunir puede ser significativo, ya que, afortunadamente, este bosque se encuentra en buen estado de conservación, a pesar de la sequía de 2019, que redujo drásticamente la cantidad de árboles y produjo un «apagón de vida» del que fuimos testigos.

Estas exploraciones son un elemento clave del proyecto creativo ~~~ desde la raíz ~~~. Las salidas que realizo periódicamente tienen como objetivo capturar fotografías y videos del ecosistema en diferentes momentos del año, mostrando su estado actual y los ciclos naturales que lo atraviesan.

Para este registro, utilizo una cámara Nikon, a la que recientemente añadí un teleobjetivo, y complemento con la cámara del celular para capturar momentos más espontáneos. He logrado documentar elementos naturales como la flora, fauna, funga, y otros fenómenos propios de este bosque.

A medida que avanzan las estaciones, la diversidad de los registros cambia. Para organizar estos hallazgos, decidí dividir las exploraciones en cuatro secciones que corresponden a las estaciones del año: otoño, invierno, primavera y verano. El objetivo es mostrar la riqueza y diversidad del bosque esclerófilo a lo largo del tiempo. En la presente bitácora comparto algunas de las fotografías que he realizado, pues este material es sólo una parte del video artístico que se presenta en la exhibición del proyecto
~~~ desde la raíz ~~~.

Exploraciones otoño bosque esclerófilo Rao Caya 2024

Aunque el proyecto comenzó formalmente en junio de 2024, fui incorporando fotografías anteriores para ofrecer una visión más completa de la evolución del ecosistema en Rao Caya.

Este otoño los hongos han sido los protagonistas. Aunque suena natural, fue solo el año pasado (2023) cuando volvieron a aparecer de manera normal, después de la ruda sequía. Les tomó tiempo, y mucha lluvia, recuperarse. Este año han estado magníficos. El agua corrió por las quebradas, el terreno se inundó, y nuevamente reverdecieron líquenes y musgos. La vida renace con fuerza cuando el agua se hace presente. ¡Gratitud!

Exploraciones invierno bosque esclerófilo Rao Caya 2024

El invierno de 2024 fue tan intenso como el otoño que lo precedió. Gracias a las lluvias tempranas, comenzó a desplegarse una gran diversidad de hongos en el bosque esclerófilo. Con el agua también renacieron los líquenes, organismos simbióticos formados por hongos y algas o cianobacterias, que en verano cubren las piedras como una fina costra en tonos blanquecinos, cafés o verdosos. Al hidratarse, recuperan su color y vitalidad, transformando el paisaje. Junto a ellos, las briófitas —como musgos y hepáticas— se expanden y capturan la humedad, creando pequeños microhábitats donde la vida se multiplica. Pasear entonces por el bosque se vuelve un deleite: observar cómo piedras aparentemente inertes se cubren de líquenes y musgos es asistir a un renacimiento silencioso. En general, fue maravilloso contemplar un invierno tan lleno de agua, de vida y de transformaciones, con toda la fuerza y la belleza que esta estación conlleva.

Exploraciones primavera bosque esclerófilo Rao Caya 2024

La primavera de 2024 en Rao Caya fue un verdadero placer. De a poco el bosque esclerófilo se inundó de flores, transformando el paisaje en una celebración de la vida. Con la estación también se intensificó la presencia de las aves. Llegaron los picaflores: el picaflor chico y el picaflor gigante. Volvieron los tordos, fáciles de reconocer por sus cantos metálicos y su andar en grupos. Las perdices, presentes durante todo el año, comenzaron a mostrar a sus polluelos en los claros del bosque. Y la turca, con su canto armonioso, se hace escuchar con mayor frecuencia.

El sonido del bosque en primavera es inconfundible: aves, insectos y viento se entrelazan en un concierto constante. Mientras tanto, líquenes y briófitas mantienen la humedad en piedras y suelos, y entre ellos emergen hierbas y flores silvestres que completan la transformación del paisaje. La primavera en Rao Caya es, en definitiva, un renacer marcado por el color, los aromas, el sonido y la vitalidad de todas estas especies que conviven en el ecosistema esclerófilo.

Exploraciones verano bosque esclerófilo Rao Caya 2025

El verano en Rao Caya trae consigo un cambio evidente en el bosque esclerófilo. El pasto se seca con el calor, aumentando el riesgo de incendios; por eso es fundamental la presencia de caballos —y en otros lugares vacas— que ayudan a mantenerlo controlado. Aunque se alimentan también de algunas flores y plantas que uno quisiera conservar, su labor es esencial para reducir la acumulación de material seco. Gracias a ello, el pasto no desaparece del todo, pero se mantiene bajo, salvo en los sectores donde los animales no alcanzan a pastar.

La mayoría de las flores de primavera cede paso a un paisaje más austero, donde solo permanecen las especies más resistentes. Entre ellas destaca la patagua (Crinodendron patagua), que florece en esta época con sus llamativas corolas blancas, conocidas como “flor de arcopigüe”, iluminando sectores del bosque en medio de la sequedad.

El estero, cuando no hay sequía, se convierte en refugio vital: refrescante, lleno de vida, un sostén frente al calor intenso que domina el verano en la cordillera de la costa. Sin embargo, el contraste con la primavera es fuerte y a veces duele ver la disminución del verde y de los colores que marcaban la estación anterior.

Aun así, el verano tiene su propio pulso. Los picaflores continúan alimentándose del néctar, los tordos se mantienen en grupos ruidosos, las turcas hacen resonar sus cantos y las perdices recorren los claros junto a sus polluelos ya más crecidos. También aparecen reptiles como lagartijas y culebras de cola larga, propios de estos ambientes secos. Los árboles más característicos del bosque —quillay (Quillaja saponaria), peumo (Cryptocarya alba) y boldo (Peumus boldus)— muestran su extraordinaria capacidad de adaptación con hojas duras y pequeñas, claves para resistir el verano mediterráneo de la zona central.

El verano en Rao Caya es duro y exigente, pero también revela la resiliencia del bosque esclerófilo: un paisaje que enfrenta el calor extremo y la falta de agua, sosteniendo la vida en equilibrio hasta la llegada de las lluvias. Y, pese a la sequedad, sigue mostrando su verdor característico, porque por algo se le llama el “bosque siempre verde”.


El bosque esclerófilo chileno es un ecosistema único y valioso con características particulares.

  • Diversidad biológica: El bosque esclerófilo es uno de los ecosistemas más diversos en términos de flora y fauna. En Chile, se estima que alberga aproximadamente el 50% de las especies vegetales y animales del país.
  • Especies endémicas: Se encuentra una gran cantidad de especies endémicas, es decir, aquellas que son exclusivas de esta región. Estos bosques son hogar de muchas plantas y animales que no se encuentran en ningún otro lugar del mundo.
  • Clima mediterráneo: El bosque esclerófilo se adapta a un clima mediterráneo con estaciones secas y húmedas. Esto significa que la vegetación ha desarrollado adaptaciones para sobrevivir a periodos de sequía prolongados.
  • Especies emblemáticas: Entre las especies emblemáticas de este bosque se incluyen el quillay, el peumo, el boldo, la palma chilena y el litre, entre otros. Estas especies son fundamentales para el equilibrio ecológico de la región.
  • Pulmón verde y regulador climático: Actúa como un sumidero natural de carbono, absorbiendo CO₂ de la atmósfera y ayudando a mitigar el cambio climático. Su vegetación no solo regula la temperatura y la humedad dentro del bosque, sino que también influye en la estabilidad climática e hídrica de los ecosistemas y territorios vecinos, contribuyendo a la resiliencia ambiental de la zona central de Chile.
  • Amenazas: A pesar de su valor ecológico, el bosque esclerófilo enfrenta amenazas significativas, incluyendo la expansión agrícola, la tala, la urbanización y los incendios forestales. Estas amenazas han reducido en gran medida la extensión de este ecosistema.
  • Conservación: Varios esfuerzos de conservación se están llevando a cabo para proteger el bosque esclerófilo. Áreas protegidas, como parques nacionales y reservas naturales, juegan un papel fundamental en la preservación de este ecosistema.
  • Importancia hídrica: Estos bosques también desempeñan un papel crucial en la regulación de los recursos hídricos en Chile. Sus suelos actúan como esponjas naturales, almacenando agua y liberándola gradualmente, lo que es esencial para mitigar la escasez de agua en periodos secos.

Stefano Mancuso y las raíces, el «cerebro» oculto de las plantas

El bosque esclerófilo chileno es un tesoro de biodiversidad y una parte fundamental del patrimonio natural de Chile, lo que lo convierte en un ecosistema de importancia mundial. Su conservación es esencial para la protección de la diversidad biológica y la sostenibilidad de la región.

El neurobiólogo vegetal Stefano Mancuso es reconocido mundialmente por sus investigaciones sobre la inteligencia y sensibilidad de las plantas. Uno de sus principales enfoques ha sido el estudio de las raíces, que él describe como el «cerebro» distribuido de la planta. A diferencia de los animales, que poseen un sistema nervioso centralizado, las plantas han desarrollado un sistema descentralizado donde las raíces cumplen un rol fundamental en la percepción, comunicación y adaptación al entorno.

Las raíces no solo buscan agua y nutrientes, sino que también procesan información y toman decisiones. Son capaces de detectar la composición del suelo, anticipar la presencia de obstáculos y modificar su crecimiento en función de ello. Además, establecen redes de comunicación con otras plantas a través de señales químicas y eléctricas, coordinando su desarrollo y defensa ante amenazas. Esta capacidad de respuesta incluye un tipo de memoria, que les permite recordar experiencias previas, como la disponibilidad de recursos o la presencia de patógenos, y ajustar su comportamiento en consecuencia.

Los experimentos realizados por Mancuso y su equipo han demostrado que las raíces pueden percibir su entorno con una precisión sorprendente. Por ejemplo, han observado que las raíces detectan la presencia de barreras en el suelo antes de tocarlas y redirigen su crecimiento para evitarlas. También han comprobado que pueden identificar las zonas más ricas en nutrientes y expandirse en su dirección, maximizando la absorción de recursos. Otro hallazgo fascinante es la capacidad de las plantas para reconocer a sus parientes y modificar su comportamiento en función de ello, disminuyendo la competencia por recursos cuando crecen junto a individuos de la misma especie.

Uno de los aspectos más intrigantes de esta investigación es la relación simbiótica entre las raíces y los hongos micorrícicos. A través de estas asociaciones, las plantas pueden acceder a nutrientes y agua de manera más eficiente, mientras que los hongos reciben azúcares en un intercambio mutuamente beneficioso. Esta interconexión demuestra que las plantas no solo compiten, sino que también colaboran y establecen redes de cooperación que fortalecen la resiliencia del ecosistema.

Las implicaciones de estos descubrimientos son profundas. En el ámbito agrícola, comprender la inteligencia de las raíces puede conducir al desarrollo de técnicas de cultivo más eficientes y sostenibles, optimizando el uso de recursos naturales. En ecología, estos estudios nos permiten apreciar la complejidad de las interacciones entre las plantas y su entorno, lo que resulta clave para la conservación de los ecosistemas. Desde una perspectiva filosófica, la idea de una inteligencia vegetal distribuida desafía la visión antropocéntrica del mundo y nos invita a reconsiderar la naturaleza como un sistema interconectado, donde cada organismo juega un papel esencial en el equilibrio global.

Las investigaciones de Mancuso revelan un mundo subterráneo fascinante y complejo, donde las raíces no son simplemente estructuras de soporte, sino órganos altamente especializados que permiten a las plantas percibir, reaccionar y adaptarse al entorno. Esta visión nos obliga a mirar con nuevos ojos la inteligencia de la naturaleza y a reconocer que, aunque silenciosas, las plantas están constantemente comunicándose y tomando decisiones en una red de vida oculta.

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